NO ME FUNCIONA NINGUNA DIETA

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NO ME FUNCIONAN LAS DIETAS

¿Cuántas veces nos hemos encontrado ante esta afirmación, en especial en personas con manifiesto sobrepeso?
Dejando a un lado los problemas de tipo metabólico, endocrinos, y, por supuesto, el trasfondo psicológico, la obesidad como enfermedad no “voluntaria” y como causa patológica, no como consecuencia derivada, tiene una incidencia real de un 0,01% sobre el total. Algo realmente anecdótico. Por tanto hemos de concluir que son otros factores los que en mayor medida la producen.
Hay que entender que la mayor parte de las veces, los factores causantes se solapan, y dan lugar unos a otros funcionando en una perfecta simbiosis que dificulta el tratamiento. A pesar de todo ello, la obesidad ha de ser entendida, en su mayor incidencia, como una consecuencia, multifactorial, no como una causa per se, lo que puede ayudarnos a centrar los orígenes de este desorden. Por supuesto no estamos hablando de una persona “pasada de peso”, a la que le sobren 5 o 6 quilos, sino de alguien que supera con mucho los límites de lo razonable. Estamos ante la máxima expresión de lo que llamamos “estar gordo”.

Bien, como hemos dicho, dejando factores los patológicos enunciados aparte, la causa fundamental y primordial de la obesidad es que comemos demasiado. Demasiada cantidad, demasiado mal, demasiado desordenado, demasiado a menudo en pocas ocasiones, o con demasiada frecuencia. Normalmente, estos factores, por paradójico que parezca, se dan a la vez.

Dando por hecho que la dieta a la que nos sometemos sea correcta, si esta no funciona, y ninguno de los otros factores está presente, sólo quedan dos variables. Nosotros o la suerte. No creo en la segunda. Esto se traduce en una realidad tan absolutamente fundamental como escondida y justificada. LA CULPA ES ABSOLUTAMENTE NUESTRA. ¿Por qué digo esto de forma tan tajante?
Bien la mayor parte de las veces cuando preguntamos a alguien por qué no le funcionó una dieta (no hablo de absurdas dietas de revista, que por desgracia suelen ser las más recurridas), nos dirá que no lo sabe. Es el momento de preguntar, o de “acorralar” al interlocutor, para que podamos iluminar la situación. Las respuestas suelen ser de lo más variado:
• Como fuera de casa
• No me gusta tal o cual alimento
• Es que como en casa y el resto no está a dieta
• No puedo por trabajo
• Coincidió con alguna celebración
• Coincidió con alguna enfermedad
• Me encontraba mal (en realidad débil)

En realidad la respuesta es “no la hice”. No deja cabida al azar. Cuando les hacemos ver esto enseguida arguyen, casi siempre usando estos argumentos…
• La hacía más o menos
• La hacía toda bien salvo los fines de semana
• Quitando alguna cosa que no me gustaba y la cambiaba el resto la hacía toda bien.
Bueno, la realidad es bien diferente, y cuando la dieta no se hace, además los factores se convierten en sumatorio de catastróficas consecuencias. Si les replicamos en la siguiente forma, las justificaciones se tornarán absolutamente irreverentes…
• Fuera de casa seguro sirven ensalada y pechuga de pollo o filete de ternera
• Si no te gusta un alimento cámbialo por otro equivalente, o pregunta. No cambies la acelga por macarrones, sabes que no es correcto.
• Que yo sepa todos trabajamos. Y la inmensa mayoría fuera de casa. Si el resto puede, no hay excusa para que tú no puedas. Y lo sabes.
• Enumeremos celebraciones universales para el ciudadano medio. Año Nuevo, Reyes, Patrón de la Ciudad, Patrón de la Comunidad, San Valentín, Carnaval, Santa Águeda, Semana Santa, Cumpleaños propio, Fiestas locales, Verano, Bodas, Bautizos Comuniones, Jubilaciones, Despedidas, Cumpleaños ajenos, Noche Buena, Navidad, Comidas de Empresa… Esto es asi para todo el mundo. Si ese va a ser el problema hablamos de una realidad que se va a mantener inmutable hasta el día de su fallecimiento. Siendo así es absurdo que empiece jamás otra dieta, seguirá teniendo celebraciones.
• Las enfermedades son el momento más oportuno para comer mejor, no la excusa para comer peor.
• Si esperas tener la misma energía y empuje en un entorno hipocalórico que comiendo a cuerpo de Rey cantidades descomunales de calorías, supongo que serás igual de optimista pensando que tu Skoda tendrá la misma aceleración que un Lamborghini.
• Las dietas son un todo. O se hacen o no. Si has de llevar una carga de Barcelona a Madrid, pero te rindes en Guadalajara, y no llegas, no me sirve de nada que digas que casi, casi, estaba hecho. Simplemente el objetivo no ha sido cumplido.
• Si comes 6 veces al día, 7 días a la semana, pero desde el viernes noche empiezas a saltarte la dieta, haces mínimo 15 comidas mal, de un total de 42. Más de un tercio, y con total seguridad las calorías ingeridas en ese tercio, y su calidad, son netamentes peores que los dos tercios restantes…
La solución preferida suele ser buscar un nuevo milagro que actúe cuando lo principal falla. Puede ser l-carnitina, puede ser un termogénico de última generación, puede ser un bloqueador de hidratos o grasas… por supuesto ninguno dará el resultado deseado, y rápidamente se culpará al producto del fracaso, pasando por alto que el culpable primordial es uno mismo.
Resumiendo, cuando esa persona nos dice que no le sirve ninguna dieta, en definitiva, salvo las obvias excepciones mencionadas, lo que debemos entender es que no ha sido capaz de seguir ninguna dieta. Por tanto no es que no le funcione ninguna dieta. ES QUE ES EL, O ELLA, QUIEN NO LE FUNCIONA A NINGUNA DIETA.
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